El proceso
Del barro al objeto
Preparación del barro
Todo comienza con la arcilla cruda. La amasamos durante largo rato, expulsando burbujas de aire y homogeneizando su textura. Este paso es meditativo: el ritmo de las manos, el peso del material, el olor terroso.
Trabajamos con arcillas locales que traemos de diferentes regiones del Perú. Cada una tiene su propia personalidad: más plástica, más refractaria, más rojiza o más pálida.
Modelado
Damos forma a la arcilla en el torno o a mano. En el torno, el barro gira mientras nuestras manos guían el crecimiento de las paredes. Es un diálogo entre la fuerza centrífuga y la intención.
Para algunas piezas preferimos el modelado manual: pellizcar, enrollar, alisar. Estas técnicas ancestrales permiten formas más orgánicas y asimétricas.
Secado lento
Las piezas recién formadas se cubren con plástico y se dejan secar gradualmente. Un secado apresurado puede causar grietas. El tiempo aquí es esencial.
Durante varios días, la arcilla pasa de estar blanda y húmeda a adquirir dureza de cuero. En ese punto podemos retocar detalles, añadir asas o texturas.
Primera cocción
Cuando las piezas están completamente secas, van al horno para la primera quema o bizcocho. La temperatura sube lentamente hasta los 950°C.
Esta cocción convierte la arcilla en cerámica, haciéndola porosa pero permanente. El material cambia para siempre: ya no se puede volver a disolver en agua.
Esmaltado
Después del bizcocho, aplicamos esmaltes. Nuestros esmaltes están hechos con minerales naturales: ceniza de madera, feldespato, óxidos de hierro y cobre.
Los colores en crudo son engañosos: un esmalte gris puede volverse verde esmeralda en el horno. Aplicamos por inmersión, con pincel o por pulverización.
Cocción final
La segunda cocción llega hasta 1280°C en nuestro horno de leña. El proceso dura más de 12 horas. Las llamas y las cenizas interactúan con los esmaltes, creando efectos únicos.
Cada cocción es diferente. La dirección del viento, la humedad del aire, la posición de cada pieza en el horno: todo influye. Aceptamos estas variaciones como parte de la belleza.
Revelación
Después de que el horno se enfría durante dos días, abrimos la puerta. Es un momento de expectación: nunca sabemos exactamente qué encontraremos.
El fuego ha transformado los esmaltes. Los colores emergen vibrantes o sutiles. Cada pieza guarda la memoria del calor extremo en sus superficies vidriadas.
La belleza de las imperfecciones
Las marcas de los dedos
Las variaciones del esmalte
La asimetría orgánica
Las manchas de la ceniza
No buscamos la perfección industrial. Celebramos las huellas del proceso: cada arruga, cada variación de tono, cada pequeña irregularidad cuenta la historia de cómo la pieza llegó a existir.
"La paciencia es parte del material"
Desde el primer amasado hasta el último pulido, una pieza puede tardar tres semanas. No podemos apresurar el secado. No podemos acelerar el enfriamiento del horno. La cerámica nos enseña a respetar el ritmo natural de las cosas.